domingo, 16 de noviembre de 2008

Viaje en el tiempo

Rock&Roll sonaba en la discoteca aquella noche de antidepresivos y guerras de manzanas de atrezo. La gente enmudecía al sonido para saltar sobre él a base de forzosos gritos de zumos fermentados y química farmaceútica. Salir de aquel lugar caluroso y apretado, tenía ciertas consecuencias aún no descifradas por la ciencia anatómica y de ingenieros del sonido. Los sonidos agudos se hacían mas entendibles, y los graves yacen en el tímpano. ¿Merecerá la pena salir del lugar? Parecía ser que sí. Pero resultó ser que no. Con el calor producido por las masas, la estimulación de la música y los exagerados movimientos que realizaba con su inerte cuerpo, permitía a las arterias de su cuerpo dilatarse hasta parecer cables de una fuente de alimentación, y también a todos y cada uno de los poros de su fisionomía.

Parecía necesitar agua al ver que la fatiga de sus músculos, mente y estómago se unían en una sola fatiga. El rostro empezó a palidecerse y a convertirse en una gama de tonos grises sin color. Mientras era el suyo el que se deformaba, a sus ojos el rostro de los demás eran los que se movían con cierto contoneo impredecible y antihipnotizante. La velocidad del contoneo aumentaba y se relentizaba en espacios de tiempo muy corto. Eso cuando no dejaba de ver por una nube blanca.

No le hizo falta salir del lugar para notar en su oido un agudo, tedioso y áspero chirrido justo antes de salir las nubes en los ojos. Mientras tanto, unas cuantas personas se le acercaban y le preguntaban con voces danzarinas si le pasaba algo. Preguntas absurdas ante ciertos hechos. Quería que no pasase nada, pero todo pasaba en el mismo instante, de forma tan consecuente que le permitía a sus piernas vaguear y hacer que el resto del cuerpo cayese al suelo en brazos de las bocas que tanto le interrogaban. Su cuerpo casi inerte en el suelo frío, yacía sin el sabor de la sangre que emanaba de su garganta respondiendo en su mente. Su mente inactiva hacía que no pudise escuchar lo que todos decían. Su epidermis no enviaba señales al sistema nervioso con estímulos de reacción ante ciertos movimientos de presión de los dedos ajenos. No podía sentir nada, excepto que su mente se sumergía en pensamientos psicodélicos de imágenes abstractas y cambios de color exagerados y poco predecibles.


Cuando él menos lo esperaba, su mente quedó inactiva e inaccesible.


Quince años mas tarde, tras despertar, sus músculos tiraban mas que nunca. Sus huesos los sentía como madera poco lijada, pulida y suavizada, haciendo que le doliesen más que nunca. Pero de cierta forma también los sentía mas ligeros. El momento en el que abrió los ojos, le vino a la memoria que lo último que hizo fue cenar con sus mas preciados amigos. Tras cenar, salir a una fiesta en un pub del centro y tomar dos cervezas. También recuerda que una sombra le ofrecía una especie de aspirina para desactivar los efectos de la embriaguez. Y que poco a poco, sus sentidos de agudizaban de una forma sobrehumana, haciendo que cada minúscula cosa que le pasara por delante de sus ojos, o la mínima brisa que rozara su piel, se hicieran a gran escala y de forma muy detallada. Lo siguiente que recordaba era despertarse boca-arriba y pensar en lo último que hizo antes de despertarse.

Las tuberías que tenía instaladas en la nariz parecía que no servían de nada. Pero le habían alimentado durante quince años de inactividad cerebral y coma profundo con oxígeno. Y en el antebrazo también poseía otros cables instalados. La imagen de ver su brazo tan delgado le hizo deprimirse. ¿Qué había pasado con su cuerpo?¿Qué ocurrió la noche de la cena? Se preguntó quien era él y que hacía en esa camilla de hospital. Por supuesto él no sabía que había pasado tanto tiempo. Se enteró al ver a una persona que se parecía asombrosamente a su madre pero mucho mayor, que entró en la habitación de una forma casi cotidiana, pero que cuando subió la mirada y la cruzó con la suya, pareció detener el tiempo, o ponerlo a cámara lenta, ya que pudo ver como la mujer estaba petrificada y los ojos se le iban poco a poco encharcando en lágrimas. Mas tarde se enteró que la mitad de sus amigos, le habían visto por última vez hacía una semana. La mitad de la otra mitad no aparecían desde hace años. Y la otra última mitad habían fallecido.

De pronto, su juventud quedó cortada por su edad, por su físico y por su ambiente. Pero su pensamiento tuvo que mantenerse joven durante varios años mas, aunque su exterior no dijera lo mismo.

Actualmente hay personas que sin haberles ocurrido esto, intentan mantener el pensamiento como si de un joven se tratase. Y a estas personas me dirijo: Si quieres ser joven, no pienses que tienes que serlo. Simplemente “sé” joven.

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